La distancia física no tiene por qué debilitar los lazos entre padres e hijos. El divorcio, el trabajo en otra ciudad o país no eliminan la necesidad de los niños de amor y seguridad. Aunque estén lejos, los padres deben seguir apoyando a sus hijos y mantener con ellos un vínculo afectivo fuerte y positivo.
Los niños extrañan a los padres que viven lejos. Aunque nada puede reemplazar el contacto físico, el amor y la confianza —fundamentales para su desarrollo psicológico— pueden transmitirse a través de métodos adecuados, de forma que los niños sientan la presencia de sus padres como si estuvieran a su lado. Por ello, una comunicación planificada, constante y positiva es fundamental.
La distancia provocada por un divorcio puede ser más compleja que la separación por motivos laborales. Las emociones negativas entre los padres, las diferencias en la crianza y la presencia de nuevas parejas pueden complicar el proceso. En estos casos, es recomendable buscar apoyo profesional.
Los padres deben separar sus emociones negativas de la relación con sus hijos.
El niño debe tener la oportunidad de mantener un vínculo saludable con el otro progenitor.
No se debe usar al niño como mensajero ni forzarlo a tomar partido.
El niño debe sentir que amar a ambos padres es algo natural y aceptado.
Cuando intervienen nuevas parejas, los padres no deben reflejar sus emociones negativas en los hijos.
Permitir y fomentar que el niño forme nuevas relaciones fortalece su sentido de seguridad.
La previsibilidad es esencial para que los niños se sientan seguros.
Por ello, se debe establecer un sistema regular de comunicación con el progenitor que vive lejos.
El sistema debe explicarse claramente al niño.
Las llamadas telefónicas deben programarse en días y horarios fijos (por ejemplo, todos los miércoles a las 20:00).
Las visitas presenciales también deben realizarse con regularidad (por ejemplo, el primer fin de semana de cada mes).
Un plan regular refuerza la confianza más que las visitas imprevistas.
Con los niños pequeños se pueden realizar llamadas cortas, haciendo preguntas simples.
Es posible utilizar videollamadas por internet.
Se pueden enviar grabaciones de voz, cuentos para dormir, canciones o videos.
Las cartas, pegatinas y pequeños regalos hacen que los niños sientan amor y conexión.
Estar presente en la vida de un hijo no significa solo cercanía física.
Los padres que viven lejos también pueden construir vínculos fuertes al satisfacer las necesidades de amor y confianza de sus hijos.
Lo importante no es sentirse culpable, sino contribuir de manera consciente al desarrollo del niño y hacerle sentir que, sin importar la distancia, siempre estás ahí para él.