Nuestro país, con sus cuatro estaciones, ofrece muchas bellezas naturales, pero esta diversidad también crea un entorno propicio para la propagación de enfermedades. Especialmente durante los cambios de estación, las variaciones bruscas de temperatura, la alta concentración de polen y los entornos sociales concurridos provocan que las enfermedades se propaguen rápidamente entre los niños en edad escolar.
Los periodos más críticos son septiembre–octubre, enero y marzo–abril, cuando los cambios de clima son más frecuentes y los brotes epidémicos más comunes.
El calentamiento global, con sus cambios de temperatura repentinos y extremos, provoca enfermedades como la gripe, el resfriado común, la bronquitis aguda, el asma y las alergias.
El cuerpo tarda entre 2 y 4 semanas en adaptarse a los cambios de temperatura. Sin embargo, las variaciones bruscas debilitan el sistema inmunológico y aumentan la susceptibilidad a las infecciones.
Aunque no siempre se pueden evitar las enfermedades, es posible reducir su gravedad tomando algunas precauciones.